Nosotros, los jesuitas que trabajamos en Haití en diversos campos, somos testigos del drama cotidiano que viven millones de hermanas y hermanos haitianos. Como Yahvé en el desierto, vemos la miseria del pueblo y oímos sus gritos: “Yo soy Yahvé, tu Dios. He visto tu miseria y oído tu grito. Conozco tus angustias. Lo que quiero para ti es la vida, y no la muerte. Pero, ¿a quién enviar para liberarte? En el pasado Moisés fue mi mensajero para liberar a mi pueblo y sacarlo del esclavismo en Egipto. En Mi nombre lo condujo a una tierra que manaba leche y miel”. (Ex 3,7-12).
PUERTO PRINCIPE, HAITI. ABRIL 2008.



